FEDERICO & SALVADOR: recordar para aprender. Aprender para saber vivir. Por Jordi Solsona.

FEDERICO & SALVADOR: recordar para aprender. Aprender para saber vivir. Por Jordi Solsona.

Fui yo con mucho miedo al teatro el viernes. Conozco bien la vida de Dalí porque la propia se cruzó con la del de Cadaqués en el camino y me brindó la oportunidad de aproximarme muy de cerca a su círculo, su contexto y sus obras. Respecto a Lorca, sus creaciones y su biografía me emocionan desde siempre. Así que, insisto, iba yo en estado de alerta por si acaso me topaba con una monstruosidad.

¡Qué alegría, qué inmensa y agradable sorpresa! ¡Fuerte lujo lo del viernes! César y Leandro estuvieron inmensos. Con lo fácil y tentador que era caer en el exceso y supieron mantenerse en un tono certero, manejando unos registros muy ajustados al imaginario, sin redundar en los excesos pero utilizando sus enormes dotes escénicas para hacerme vibrar y emocionarme en la butaca.

Claro que les acompañaban dos elementos esenciales: texto y dirección. Porque el texto de Gerardo Barrios es exquisito. Así, sin más: exquisito y delicioso. Se nota su trabajo de investigación sobre los protagonistas, pero sobre todo se siente un amor desmedido a su significado para las artes en ambos casos. Un texto que sabe extraer lo mejor de cada personaje, que los ubica en la época y los afectos con los elementos esenciales de quien sabe leer muy bien la psique humana. Enorme trabajo dramatúrgico el de Gerardo, un autor al que pienso seguir con atención.

La dirección resulta el otro elemento capital para que el conjunto me reconciliara con la especie humana, tan faltita como anda de paréntesis como el del viernes. Presentar a personajes tan capitales en la cultura de la historia de dos países (Espanya y Catalunya) como son Salvador y Federico entraña unas cuantas dificultades. La primera: superar la visión subjetiva que cada cual tiene al respecto de ambas figuras. ¿Cómo lo consigue el director? De la mano del texto, sabe ubicar sobre el escenario de manera poética la parte más auténtica de ambos, aquella donde se dan cita las emociones y las pasiones. La de Federico visceral, terrena y dionisíaca. La de Salvador la estética, la espiritual y cosmogónica. Y la segunda: rodeándose de efectivos elementos escénicos que salpimientan el espectáculo con un lirismo que ayuda a reforzar la sutileza de los textos y acompaña a los actores en todo momento. Severiano tira de esos hilos con la magia de un prestidigitador, con un repertorio escenográfico que les facilita el discurso y les permite transitar por escenarios mínimos pero repletos de todo lo que el espectador requiere para deleitar sus sentidos.

La importancia educativa de la pieza viene a ser el agua clara en tiempos de sequía. Los acontecimientos que viven en la actualidad los países de esos dos protagonistas están necesitados de la memoria para refrescar de dónde venimos y dónde estamos todavía inmersos. Recordar para aprender. Aprender para saber vivir. La pieza cobra así un significado muy especial por lo necesitados que estamos de memoria. Si todo ello viene envuelto en el halo de la mejor poesía y de la sabiduría teatral que se vivieron la noche del viernes en el Teatro Cine de Los Realejos, es que aún quedan esperanzas de salvación para la humanidad.

Jordi Solsona es novelista, crítico teatral y docente. Entre sus publicaciones se encuentran Mascaritas (2011) y El universo mínimo (2016).

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