Entrevista a Mariano Moro, autor del texto “De hombre a hombre”.

Entrevista a Mariano Moro, autor del texto “De hombre a hombre”.

César y Leandro dan clase de actuación sentida y delicada.

Con motivo de las próximas representaciones de “De hombre a hombre”, INSULARIA Teatro ha entrevistado al autor de la pieza, el argentino Mariano Moro. Dramaturgo en cuya obra encontramos lo divino y lo profano, el humor y la pena; su obra constituye uno de los referentes del teatro contemporáneo latinoamericano.

INSULARIA Teatro: Te formaste en psicología, sin embargo diriges desde hace algún tiempo el Auditorium de Mar del Plata y te dedicas intensamente a la dramaturgia, ¿cómo conviven en ti todas esas facetas?

Mariano Moro: Dirijo el Auditorium hace algo menos de dos años, es mi debut como funcionario y me viene implicando un gran desafío, mucho aprendizaje, grandes alegrías y a la vez también súbitos enojos y agobios. Me permite abocarme a proyectos de mucha gente talentosa y diversa, eso lo valoro mucho, luego de años de ocuparme exclusivamente de mis propias iniciativas. La Psicología fue el estudio que elegí por ansias de saber, luego no quise ejercerla como profesión y me dediqué de lleno al teatro, sustentándome con empleos aleatorios al principio. Cierto es que las habilidades psicológicas son las requeridas para dirigir, y cierta psicología conlleva el tratamiento de personajes, pero la perspectiva artística es en gran medida opuesta a la científica. No sé cuánto tiempo más durará mi labor institucional, estoy tratando ahora de amigarla con mi trabajo de artista.

IT: Tienes una amplia trayectoria. Entre tus textos se encuentran Pobrecito, Hollywood somos nosotras, Teresa… ¿Cuáles son los motivos que impulsan tu escritura? ¿Qué te llevó a escribir De hombre a hombre?

MM: La motivación última siempre creo que es inconsciente. Con todo, creo que la obra concreta el deseo de vivir una fantasía que se vuelve “realidad a medida”, por bella, por divertida, por emotiva, y porque permite arrojar luz sobre ciertos conflictos que, en papel o en escena, se mantienen bajo control. “De hombre a hombre” quizá fue una nostalgia en regreso hacia la adolescencia, y acaso mi primera obra sentimental, inspirada por personas que existieron y que me di el gusto de mejorar un poco, o bastante.

IT: En De hombre a hombre el público se encuentra con Juan Manuel y Andrés -profesor y alumno, respectivamente- pero, ¿quién enseña a quién? ¿Llegan a invertirse los roles?

MM: Creo que ambos se enseñan muchas cosas, pero lo más importante es que el encuentro los transforma a lo largo de las escenas que presenciamos y completamos y aún los transformará luego del final abierto donde la pieza concluye.

IT: Has dicho en alguna ocasión que tu pieza sobre Francisco de Asís, Pobrecito, es una “fiesta del alma”. ¿Es De hombre a hombre, en parte, una “fiesta del deseo”?

MM: Francisco es festivo porque va abierto a los demás, a la naturaleza y hacia Dios. Juan Manuel y Andrés viven su romance entre la gran ilusión, el sigilo, una complicidad que al fin se rompe y un gran dolor, no utilizaría la palabra fiesta para eso. El deseo es de algún modo el tercer protagonista, eso sí.

IT: Por último, ¿crees que el teatro tiene una función social, acaso pedagógica? Si es así, ¿en qué sentido se plasma en la pieza que será representada en la Sala Insular de Teatro: De hombre a hombre?

MM: Creo que el teatro conserva desde su nacimiento el sesgo primitivo, ritual, de celebración religiosa. Es una ceremonia. Encuentro. Acaso su pedagogía tenga que ver con el uso esmerado del lenguaje para el diálogo, la transformación de la propia conciencia y la tramitación de las emociones. No sé si cumple una función social, pero sí creo que enriquece a la sociedad que lo tiene vivo y bueno y deja que en ella reverbere. Los dos actores canarios que hacen esta versión, César y Leandro, dan clase de actuación sentida y delicada, eso sí es enseñanza. Agradezco también mucho el trabajo sólido e inteligente de su directora.

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